
La colgué literalmente, y cuando la colgué, me dí cuenta de que ya no la iba a necesitar más, que allí se iba a quedar para siempre… Y todo lo que cargó también.
El desodorante y el cepillo de dientes, porque no sabías si volvías a casa o tenías que pasar de largo. El cargador del celu por lo mismo. Los auriculares para esos momentos de cosas que no querés escuchar. La lapicera, para que no se escape nada. La agendita, porque aunque amo la tecnología, sé que el papel falla menos. Las sopas Quick, los turrones de Quaker y el pen drive…
Un peso necesario y útil que cargué a donde fuera.
¿Podrá decirse que desde ahora cargo la ligereza del freelance?








